domingo, 10 de enero de 2010

Graznó la bruja


La mañana lo acechó bruscamente, proyectando sus rayos de oro contra su húmeda ropa. Había partido bien entrada la madrugada y el viaje había durado unas cuantas horas. Tres de ellas las había pasado durmiendo, de forma incómoda y algo agitada.

Había tenido sueños de todo tipo, el primero tan solo había durado una hora y había sido una pesadilla en la cual corría desesperado por una de las calles más conocidas de su ciudad natal, mientras unos guardias lo perseguían con armas y gritando su nombre. De pronto se topaba con su madre, le sonreía y aliviado se abrazaba a ella, pero ella era una trampa, esa figura maternal fue la que segundos más tarde lo entregó a los guardias sin piedad, contempló cómo estos lo azotaban le abrían cortes profundos en la piel y cuando él moría desangrado, ella lo observaba desde su trono de reina, con un bastón de oro blanco en la mano derecha y un loro de pirata en el hombro izquierdo. Impasible, como si aquel joven que moría ante sus ojos no se tratase de su propio hijo.

Sin duda había pasado un mal momento.


Cristina

5 comentarios:

  1. Si, tiene buena pinta :)
    Te sigo por aquí.

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  2. Pero solo fue un sueño, no? :) O más bien una pesadilla. Esperemos que a ese pobre muchacho no le pasé algo así de verdad!

    Te sigo por aquí también, Cristina!
    Un besito.

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